¿Quién no asocia el otoño con historias de misterio y con la clásica imagen de una bruja volando sobre su escoba? Desde pequeños, los cuentos de los Hermanos Grimm, las películas de Disney y las novelas de toda la vida han poblado nuestra imaginación con personajes inolvidables: desde la malvada de la casita de caramelos hasta la reina de la manzana envenenada.
Lo curioso es que la ficción siempre se inspiró de la historia real y terminó moldeando nuestra memoria: los cuentos simplificaron en villanas a mujeres reales, sabias y cotidianas que, en su época, pagaron el precio de la superstición y la ignorancia y se transformaron en los mitos que hoy conocemos. A continuación, repasamos algunos de nuestros personajes favoritos de la infancia para descubrir el curioso reflejo que tienen en el folclore y en la historia popular.
1. La bruja de Hansel y Gretel y los misterios del bosque
En el clásico de los hermanos Grimm, la anciana atrae a los niños con una casita de jengibre y golosinas, convirtiéndose en el arquetipo perfecto de la bruja que acecha en los profundos bosques de los cuentos.
En el folclore antiguo, los bosques oscuros y lejanos eran lugares llenos de misterio donde la gente imaginaba que ocurrían todo tipo de sucesos extraordinarios. Aunque en los cuentos todo es pura fantasía, esta imagen ayudó a cimentar la tradición de asociar a las figuras sabias o solitarias con la naturaleza más recóndita.
2. Úrsula de La Sirenita y el control del clima

En la historia, la bruja del mar de Disney manipula las fuerzas de la naturaleza a su antojo, crea grandes tormentas y ofrece tratos a cambio de la voz de la protagonista.
En las antiguas comunidades rurales, cuando una granizada repentina arruinaba las cosechas o una tormenta destruía los barcos de pesca, la falta de conocimiento sobre la ciencia y los fenómenos meteorológicos hacía que la imaginación popular buscase explicaciones fantásticas para dar sentido a los caprichos del tiempo, culpando a mujeres acusadas de brujas.
3. La madrastra de Blancanieves y las pócimas
En el cuento, la reina malvada, obsesionada con la vanidad, se disfraza de anciana inofensiva para preparar una manzana envenenada.
Lo curioso es que este tipo de personajes se inspiran en las antiguas curanderas y herboristas, ya que mucho antes de que existieran las farmacias, las comunidades acudían a mujeres que acumulaban una gran sabiduría tradicional sobre plantas, raíces y remedios naturales para aliviar los dolores cotidianos. Sin embargo, esta sabiduría era motivo suficiente para acusarlas de brujería ya que desafiaba el control y la ignorancia médica de las élites dominantes.
4. La bruja de El Mago de Oz y los sombreros puntiagudos
La Bruja del Oeste en El Mago de Oz fue pionera en definir la imagen clásica de la bruja moderna con su sombrero puntiagudo, capa negra, escoba y bola de cristal. Aunque esta figura icónica no tenía caldero ni gato negro, con el tiempo el cine y la literatura fusionaron su estética con otros mitos populares hasta construir el imaginario colectivo que hoy conocemos.

El mito detrás de estos rasgos viene de las mujeres cerveceras de la Edad Media. En aquella época era un oficio mayoritariamente femenino. Llevaban sombreros altos y muy llamativos para destacar en los mercados y que los clientes las encontraran fácilmente. Además, usaban calderos para hervir la cebada y tenían gatos para ahuyentar roedores, pero cuando la industria se volvió comercial y masculina, se popularizaron mitos para apartarlas del negocio transformando sus herramientas cotidianas en marcas de brujería.
5. La escoba voladora de La bruja novata
La icónica imagen de la bruja volando de noche montada en una escoba es una de las escenas más míticas y repetidas del cine.
En la realidad, esta icónica imagen se debe a que, en algunos festivales, los agricultores saltaban por los campos montados en palos o escobas para favorecer la cosecha. Es más, las curanderas elaboraban ungüentos con plantas tóxicas como la belladona que se aplicaban con ayuda de mangos de madera, lo que provocaba trances psicodélicos, alimentando los relatos sobre fantásticos viajes nocturnos y posteriormente acusaciones de brujería.
6. La Bruja Suprema de Las Brujas de Roald Dahl y los aquelarres
En la famosa novela de Roald Dahl, las brujas de cada país se reúnen en encuentros secretos liderados por la Bruja Suprema bajo la apariencia de mujeres corrientes, haciendo referencia a los temidos aquelarres.

Sin embargo, la palabra akelarre, que en euskera significa «prado del macho cabrío», era un prado de pastoreo en el campo y un lugar de reunión rural. Fue la Inquisición en el siglo XVII la que convirtió ese nombre en sinónimo de encuentros secretos con el demonio para perseguir a las mujeres de la época. Realmente eran encuentros donde la comunidad, especialmente las mujeres, se reunían en secreto para compartir conocimientos de medicina tradicional, preservar costumbres locales y disfrutar de un espacio de libertad al margen del control de la época.