También conocidos como el ejército de terracota, conforman el mayor descubrimiento arqueológico de la segunda mitad del siglo XX. Con más de dos mil años de antigüedad, las estatuas de los guerreros son el recuerdo tangible de la historia antigua de China. A día de hoy, siguen generando dudas sobre su leyenda, y todavía falta por explorar zonas de su extenso paradero.
En este artículo te explicamos ocho aspectos interesantes sobre la historia de estas figuras y su hallazgo.
- Su descubrimiento fue una casualidad

En 1974, mientras unos campesinos excavaban un pozo en las afueras de Xi’an en busca de agua, se encontraron con algo mucho más valioso: fragmentos de cerámica enterrados bajo tierra. Atónitos ante esa situación, avisaron a las autoridades sin imaginar que acababan de encontrar uno de los descubrimientos arqueológicos más extraordinarios del siglo XX. Bajo sus pies descansaba el mayor ejército de estatuas jamás creado. No fue hasta 1975 cuando el gobierno chino hizo público el hallazgo, revelando al mundo la magnitud y el misterio de los célebres guerreros de terracota.
- Un reinado breve
Los guerreros de Xi’an forman parte del imponente ejército funerario de Qin Shi Huang. En el año 221 a.C., gracias a la superioridad militar del estado Qin, su ejército logró conquistar los otros seis reinos enfrentados y puso fin a siglos de guerra. Así fue como nació el primer imperio chino, gobernado por Qin, quien se convirtió en el Primer Emperador de la historia.

Aunque su dinastía fue breve –apenas quince años, entre 221 y 206 a. C.—, sentó las bases políticas, administrativas e intelectuales que marcarían el rumbo de todas las dinastías posteriores. Bajo su mandato se emprendieron obras colosales como la Gran Muralla China y la creación de este ejército funerario compuesto por unas 8.000 estatuas de soldados.
A lo largo de su vida se había ganado tantos enemigos, que estaba obsesionado con la idea de protegerse incluso después de su muerte. Por ese motivo, el emperador ordenó construir durante su reinado un mausoleo subterráneo destinado a custodiar su cuerpo en el más allá.
- La muerte de Qin
Su obsesión con la inmortalidad lo llevo a probar todo tipo de prácticas para conseguir una vida eterna. Como consecuencia acabó muriendo de forma natural en el año 210 a.C., por el mercurio que utilizaba en estas pruebas. De hecho, murió mientras volvía de uno de sus viajes por el este, sin que la construcción del mausoleo hubiese finalizado.
Los funcionarios que lo acompañaban tenían tanto miedo de los disturbios civiles que no informaron de lo sucedido hasta llegar a la capital. Además, era verano, así que, para disimular el olor que desprendía el cadáver, colocaron un carro de pescado detrás mientras transportaban en secreto el cuerpo del emperador.
- El enorme complejo funerario
En el yacimiento, situado en la ladera del monte Li, los arqueólogos han identificado unas seiscientas fosas distribuidas en un espacio de unos 100 kilómetros cuadrados, de los cuales solo se ha excavado un 10%. En el centro se encuentra el mausoleo del emperador, rodeado por una recreación idealizada de su imperio, concebida para que nada le faltase en la otra vida.
Dentro de este complejo se reproducen todos los elementos necesarios que conformaban el reino de Qin. Es la representación más fiel que existe de su mundo: animales, carros de combate, concubinas, armas, templos… Todo aquello que poseía en vida fue replicado con un único propósito; garantizar que seguiría gobernando incluso después de su muerte.
Las célebres estatuas de los guerreros se encuentran dentro de este yacimiento. Se han documentado cuatro fosas principales, donde los soldados están dispuestos en formación de batalla para proteger al emperador en su descanso eterno. En ellas aparecen representados todos los rangos militares, desde infantería y arqueros hasta oficiales y generales.
- El misterio de la tumba de Qin
El mausoleo mide aproximadamente unos 56 kilómetros cuadrados. En su interior, a unos 30 metros de profundidad, se encuentra el palacio subterráneo, oculto bajo un colosal túmulo de 115 metros de altura. La parte superior de este palacio reproducía un cielo estrellado, mientras que en el suelo se vertió mercurio que, mediante ingeniosos mecanismos, fluía como si fueran ríos y lagos en movimientos.
El féretro de Qin Shi Huang está situado justo en el centro. Aunque la cámara principal aún no ha sido abierta, las mediciones han revelado niveles extremadamente altos de mercurio. Por ese motivo la tumba no ha sido explorada hasta el momento, porque el ambiente es tóxico para los arqueólogos. Así, este enclave continúa envuelto de misterio y permanece como uno de los grandes secretos de la humanidad.
- Las famosas estatuas de terracota

Con más de dos mil años de antigüedad, se estima que el conjunto está formado por unos 8.000 guerreros. Cada figura, moldeada en cerámica mediante un meticuloso proceso artesanal, es fruto del trabajo de los aproximadamente 700.000 artesanos que trabajaron día tras día para la creación de este ejército de terracota. Originalmente estaban pintadas con colores vivos, pero los pigmentos se deterioraron al entrar en contacto con el aire tras su descubrimiento.
Cada guerrero se alza con un carácter y poder inigualable. Ninguno es igual a otro: sus rasgos faciales individualizados dan identidad propia a cada estatua. Lejos de ser simples piezas funerarias, estos soldados son un testimonio silencioso de la ambición desmesurada del primer emperador y de una concepción del poder que aspiraba a trascender la vida terrenal.
Una de las figuras mejor conservadas es la del Arquero arrodillado, revelando con claridad la maestría técnica y artística que definió la creación de este ejército inmortal.
- Las estatuas fueron destruidas

Tras la muerte del emperador Qin, el imperio se sumergió en una serie de revueltas que provocaron la destrucción de numerosas figuras del ejército de terracota. Algunos buscaban borrar el legado del primer unificador de China y hacer desaparecer de la memoria colectiva este imponente complejo funerario. A pesar de los daños, décadas de meticulosos trabajos de excavación y restauración han permitido recuperar una parte significativa de su esplendor original, revelando nuevamente la grandeza artística y simbólica de este ejército silencioso.
- Un reconocimiento mundial
En 1987, los guerreros de Xi’an fueron declarados como Patrimonio Mundial de la Unesco y, en el año 2010, recibieron el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, dos galardones que no hacen más que confirmar su importancia en la historia de nuestro mundo.