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Descubre los azulejos más bonitos de toda Europa

Portugal es un país lleno de tesoros por descubrir, pero si hay una de sus joyas artísticas que destaca por encima de muchas otras, ese es el azulejo. Pasear por cualquiera de sus ciudades es como visitar una galería al aire libre, donde siglos de historia y arte se despliegan sobre miles de baldosas. Presentes en fachadas, iglesias, palacios, estaciones y viviendas particulares, estas piezas de cerámica no sirven solo para decorar, son auténticos narradores visuales de la historia, las tradiciones y la identidad portuguesa.

El origen del azulejo portugués se remonta a la influencia árabe, derivado de la palabra al-zulaich, que significa “pequeña piedra pulida”. A partir del siglo XV, Portugal adoptó y transformó esta herencia, desarrollando un lenguaje artístico propio que evolucionó con el tiempo. Durante los siglos XVII y XVIII, el uso del azul y blanco se consolidó como seña de identidad, aunque también abundan los azulejos policromados que llenan de color iglesias y edificios civiles.

Sin duda, Lisboa es el epicentro de esta tradición. La capital portuguesa puede considerarse un museo vivo del azulejo, donde este arte se manifiesta en casi cada esquina. La mejor forma de empezar este recorrido visual es visitando Alfama, el barrio más antiguo de la capital. Situado entre el Castillo de San Jorge y el río Tajo, aún se conserva intacta la estructura que sobrevivió al terremoto de 1755. Además de las preciosas fachadas, también podrás descubrir talleres artesanales, tiendas de cerámica tradicional y cafeterías para disfrutar uno de los postres por excelencia de Portugal, el pastel de nata.

Otro lugar que debes visitar es el mirador de Santa Lucía, donde se muestran grandes composiciones de cerámica que representan la Lisboa anterior al terremoto de 1755, ofreciendo una ventana visual al pasado de la ciudad.

La tradición del azulejo también se manifiesta de forma sorprendente en el metro de Lisboa. Si utilizas este transporte público, descubrirás estaciones que albergan obras de artistas contemporáneos que reinterpretan la tradición cerámica y la integran en espacios públicos de uso diario. Esta convivencia entre lo histórico y lo actual demuestra que el azulejo no es un arte del pasado, sino una expresión viva que sigue evolucionando.

Y aunque actualmente se encuentra cerrado por obras hasta junio de 2026, el Museo Nacional del Azulejo, ubicado en el antiguo Monasterio de Madre de Deus, sigue siendo una referencia fundamental del patrimonio cultural portugués y una visita imprescindible si viajas a Lisboa.

Más allá de la capital, el azulejo se extiende por todo el país. En la ciudad de Ovar destacan sus fachadas revestidas de azulejos, muchas de ellas del siglo XIX, que transforman sus calles en un auténtico recorrido artístico. Muy cerca, localidades como Aveiro también ofrecen impresionantes ejemplos, como su estación de tren decorada con paneles que representan escenas regionales y actividades tradicionales.

En la actualidad, muchos artistas y diseñadores continúan explorando nuevas formas de trabajar con el azulejo, reinventándose sin perder su esencia. Así, esta forma de arte reafirma su papel como uno de los símbolos más reconocibles de Portugal.  Viajar por el país es, en definitiva, dejarse guiar por los colores, las formas y las historias que los azulejos cuentan silenciosamente desde muros y fachadas.